Una sala Voltaire repleta y la familia de la víctima en pleno recibieron este viernes el veredicto por el asesinato de Federico Martín Aramburú (42), cometido en la madrugada del 18 al 19 de marzo del 2022 en París. Loik Le Priol (32), ex comando de la Marina francesa y ex miembro del grupo de ultraderecha Unión de Defensa (GUD), fue condenado a 26 años de prisión como autor del crimen; mientras que su cómplice, Romain Bouvier (34), a 19, por tentativa de homicidio.
El fallo se conoció cerca de las 21.30 de Francia, tras una deliberación de 11 horas en la que el jurado finalmente arribó a una decisión por mayoría absoluta en la que se descartó la «premeditación».
El juez Franck Zientara, al leer la resolución, remarco que “la violencia de Le Priol estaba alimentada por su rabia narcisista” y dispuso que se someta a un tratamiento psiquiátrico.
Con respecto a Bouvier, él disparó cuatro balazos contra una persona desarmada. Apelaron a los videos para reconfirmar los hechos como pocos casos en la historia.
Luego de conocerse las condenas a los dos principales acusados, la parte civil pidió la indemnización para las familias. No podían hacerlo antes que fueran condenados.
Por ello es que el juez fijó para el 10 de enero de 2027 una nueva audiencia para que las partes traten esta cuestión.
Loik le Priol fue condenado a 26 años de prisión como autor del asesinato. Foto: Facebook.Por su parte, Lyson Rochemir y Antony Sorrentino fueron condenados a 3 años de prisión cada uno. Ella era la novia de Le Priol. Él quien ayudó a escapar hasta Sarthe a Bouvier.
Los sospechosos estuvieron -como durante todo el juicio- dentro de un box de vidrio, sentado uno al lado del otro pero sin hablarse. Los policías les sacaron las esposas y escucharon sus sentencias de pie. Además de la familia Aramburú en pleno, estuvieron presentes los padres y hermanos de Le Priol, y la madre y los abuelos de Bouvier.
Los Aramburú estaban exhaustos y ansiosos al momento de conocer el fallo. El hermano fiscal de Federico se paseaba nervioso, preguntando a la hora en que se leería el veredicto. Entre familiares, amigos, jugadores de rugby de distintos clubes, abogados, periodistas y público hubo más de cien personas en el recinto. Es que se trató de un caso histórico.
Nadie descarta que los condenados van a apelar y las penas se reducirían en esta instancia. El fiscal había pedido para los dos acusados principales 27 y 20 años de prisión.
Una larga audiencia
Dentro de la sala se vieron pañuelos colorados de Hego Pampa, con la bandera argentina, el nombre de Fede y su número 13 de capitán, lo llevaban todos los amigos. Un vasco compró 1000 banderines y los distribuyó entre los presentes.
María, la viuda de Federico, junto al socio y amigo de su esposo, Shaun Hegarty. Foto: EFE.Afuera París estaba blindada por la presencia del Papa León XIV, que justamente visitó la catedral de Notre Dame, ubicada casi al lado del viejo Palacio de Justicia, cuyos alrededores estuvieron cerrados, así como las entradas y salidas habituales por razones de estricta seguridad.
Hubo que llegar a las siete de la mañana. Los abogados no podían salir normalmente a esperar afuera porque todos los bares y restaurantes estaban cerrados. Volver a sus oficinas era un riesgo. Los cierres de calle impedían su llegada normal al Palacio.
El largo procedimiento comenzó con las últimas palabras de los acusados. Bouvier, con su cabeza rapada, lo hizo primero. El juez se lo ofreció: un minuto. «Está todo dicho: todo ha sido dicho y agradezco que me haya escuchado con atención esta semana”, dijo.
A su turno, Le Priol, quien vistió una camisa celeste bien planchada, miró a los Aramburú de frente, y al abogado general: “Un día tendré la posibilidad de curarme socialmente para que nunca más haga lo irreparable».
«Desde el primer día he perdido perdón a la familia, también por esta demanda de perdón. Soy cristiano como todos vosotros. Que el Papa está hoy aquí es un signo y que me encomiende la fuerza de perdonarme y yo de perdonarme a mí mismo”, añadió.
Tras las últimas palabras de los ahora condenados, la audiencia se clausuró y el jurado pasó a deliberar. Debían responder 20 preguntas de cada acusado, por lo que el proceso llevó varias horas más.
En Francia el accionar del jurado está muy reglamentado. El hecho de que los jurados puedan hablar abiertamente durante la discusión de su opinión de la sentencia no significa que su voto final sea oral. Pueden preguntar al juez sobre elementos que ellos consideran insuficientes. Pero luego cada uno toma su voto y vota secretamente.
El voto secreto protege la libertad del voto individual. Cada uno expresa su opinión durante una discusión. Pero los otros no pueden saber con exactitud cómo votó.
También se votó luego sobre la pena. Los dos magistrados del tribunal estuvieron presentes, pero no podían hablar durante la deliberación del jurado.
Los gendarmes organizaron las filas para que pudieran ordenadamente a una sala estuvo repleta. Los únicos del círculo íntimo de la víctima que no estuvieron presentes fueron los tres hijos de Federico. María, la viuda, si lo hizo, como durante todo el proceso, y se retiró ya entrada la noche, visiblemente agotada, sin hacer declaraciones.
Entre el público estuvo el socio y amigo de Aramburú, y quien estaba con él al momento del crimen: Shaun Hegarty, que agradeció «por el apoyo» con los que se iba cruzando y les daba un abrazo.
También se la vio a la profesora de Federico en la Universidad de Bordeaux, Sofía Herrera, quien espero la sentencia con «confianza» en el jurado.
Argumentos cruzados
El veredicto del jurado coincidió casi por completo con lo que había solicitado en su alegato de este miércoles el fiscal Phillipe Carrouye, quien hizo un detallado repaso de la secuencia de los hechos paso a paso y describió cada acción de Le Priol y Bouvier. Mencionó que los acusados se defendieron con el argumento de que no tuvieron intenciones de matar, pero les recordó que no hicieron nada para ayudar a la víctima cuando la vieron herida en el suelo. No llamaron a la Policía ni a una ambulancia, sino que escaparon.
Contó que tras la pelea en el bar Le Mabillon no hubo una fuga por parte de los sospechosos, sino «una cacería» contra Aramburú y Hegarty.
En cambio, los defensores de Le Priol y Bouvier no pusieron en duda que dispararon contra la víctima, peros sostuvieron desde un inicio que actuaron en su legítima defensa porque se sintieron amenazados por los rugbiers.
Además, los abogados de Le Priol argumentaron que el ex marino sufría de estrés postraumático por su pasado militar.
Sin embargo, el jurado no les creyó.



